Significado del Símbolo de la Diosa Nammu

En este artículo aprenderemos acerca de la diosa Nammu, perteneciente a la civilización sumeria; tocaremos temas como sus orígenes, leyendas y símbolos que lo representan. Si deseas conocer más acerca de esta diosa perteneciente al Panteón Sumerio no dudes en leer este artículo hasta el final.

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La Tradición Religiosa Sumeria

Es complejo descifrar la manera en que los sumerios lograron desarrollar sus ideas religiosas, las cuales fueron de gran ayuda para las religiones que se fueron formando posteriormente. El aspecto religioso de la civilización sumeria presenta graves problemas de identidad ocasionados porque sus creencias se convergieron con las de los semitas, inclusive, en la actualidad resulta complicado distinguir las particularidades de ambas etnias.

En cuanto a las deidades, éstas se pueden agrupar en dos categorías: aquellas que se encargaban del aspecto agrícola en la vida de las personas, estas creencias se centraron en dioses andróginos; y aquellas que se encargaban de las personas que se localizaban en zonas de regadío, quienes dependían de las lluvias, por lo que se rigieron por un sistema de dioses cósmicos. Con el paso del tiempo, influenciado por los desplazamientos e interacciones étnicas, las dos categorías se unieron en una que englobaba a los dioses terrestres y cósmicos, originando una situación politeísta, teniendo poco más de 3600 dioses, tanto sumerios como semitas, los cuales completaban una larga serie de categorías.

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Mesopotamia estaba sumida en medio de tres elementos: el cielo, la tierra y el agua, los cuales se encontraban rodeados por una capa superior en forma de bóveda, debido a esto, los eruditos sumerios decidieron hacer de estos sus principales deidades. Por lo que Anu representaba el cielo, dominando todo el universo visible; Ki fue la tierra, portadora además del principio de fertilidad, y por último Enki, engendro de los elementos anteriores y dios del agua.

Los habitantes creían que el océano fue quien engendró al universo, conformado por un cielo encapsulado y un disco terrestres, los cuales estaban unidos por un espacio infinito en movimiento y expansión, la responsabilidad de esto recayó en Enlil, dios del viento. Fuere del mencionado espacio se originaron cuerpos luminosos, como lo son la Luna, el Sol y las estrellas, luego las montañas, los bosques y por último el hombre.

Los dioses decidieron crear, como método de dominación, a seres superiores perpetuos, que tuviesen aspecto similar al ser humano pero siendo aún más perfectos que estos, además de invisibles. Así resultó la creación de las divinidades, quienes pasaron a formar el Panteón Sumerio; a su vez, estos crearon a los hombres con el objetivo de servirlos y para que satisficieran sus necesidades.

Por consecuente, los sumerios imaginaban a sus dioses bajo los atributos de los seres humanos, en cuanto a lo físico como en lo mental, con pensamientos y hechos, asimismo, sus deidades ingerían alimentos y bebidas, tenían emociones y actuaban como lo haría una persona común. Sin embargo, nunca dejaron de considerarlos altamente superiores, desde el aspecto intelectual hasta el físico, otorgándole así caracteres sobrenaturales, como la inmortalidad.

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Todos los sucesos de la vida de los sumerios los relacionaban, dependiendo todo de la voluntad divina, siendo estas deidades quienes otorgaban a la civilización sumeria de alegrías o tristezas, guerras o paz y riquezas o pobrezas.

Aquellos hombres que habían sido originados para el uso exclusivo de los dioses debían atender a estos en lugares acordes, mediante cultos meticulosamente regulados por un clero apto, el cual debía tener una relevante importancia tanto social, como económica y cultural.

Este estilo de adoración tomaba lugar en templos o santuarios, pasando estos a convertirse en lugares religiosos en donde se centralizaban los recursos económicos y políticos de la sociedad. Usualmente, el lugar de culto se encontraba situado sobre una terraza, orientado según los zigurats -puntos cardinales sumerios-, construido con adobes y ladrillos, para luego ser decorado con placas de mármol. Su interior se distribuía en naves y capillas, con una disposición de eje acodado, lo que impedía observar de manera directa desde la entrada hasta la cámara de la divinidad.

Los lugares de culto se construían de manera superpuesta unos sobre otros, arropando los escombros, los cuales servían como cimientos para las nuevas construcciones.

Nunca fueron encontradas estatuas de dioses en el interior de dichos templos, en cambio, las estatuas que han sido halladas corresponden a representaciones de devotos y reyes, quienes se creía que servirían como mensajeros de estos para alcanzar la divinidad.

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La lista sacerdotal se encontraba liderada por el “En” -jefe religioso-, la elección de éste se realizaba mediante una ceremonia adivinatoria. El En adquirió un carácter político importante, pasó a dirigir la comunidad y actuaba como una especie de rey del territorio. Con la llegada del tercer milenio estos aspectos se fueron perdiendo, llegando a ocasionarse una ruptura entre lo político y lo religioso.

Los ritos y las ceremonias religiosas se encontraban regulados de manera perfecta dentro de parámetros homogéneos para todo el país, instaurando sacrificios, tanto cruentos como incruentos, de personas o animales, libaciones -derramar- de agua, cerveza, vino y aceite y ofrendas de exvotos, bienes y comida.

Dentro de las ofrendas podían encontrarse, de manera regular o ceremonial, comida y bebida, estampillas de devotos, e inclusive, animales como peces, cabras y ovejas, éstas se dejaban en el interior del templo. Este culto se debía cumplir también a nivel urbano y familiar, los hombres se disponían a purgar sus pecados mediante lamentos públicos para lograr aplacar a la divinidad.

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La civilización sumeria se ingenió varios mitos para intentar explicar la creación del hombre, siendo un aspecto común en todos que éste sería devoto, pero no esclavo, a la divinidad. La creación de estos fue propiciada por los mismos dioses ante la falta de cuidados a la que estaban sometidos, por lo que el propósito de los hombres creados sería servir plenamente a los dioses. Sin embargo, los dioses acabaron con la humanidad mediante un catastrófico Diluvio, aún no se tienen datos suficientes para entender el por qué decidieron fulminar su propia creación.

Pese a los limitados criterios, la civilización sumerio no abandonó a sus dioses, en cambio, sentían que formaban parte de un cosmos, por lo que de manera consecuente, esperaban alcanzar la bendición de sus deidades al momento en que los juzgase en el más allá.

Significado de Nammu en la Cultura Sumeria

De acuerdo a la leyenda original, Nammu procreó y parió al cielo (representado por el dios Anu), la tierra (con la diosa Ki) y los otros dioses que representan el Apsu, es decir, el enorme océano de agua dulce que se creía que existía bajo la superficie terrestre. Nammu jugó el papel de madre al dar a luz todas las cosas que constituyen, sin embargo, la creación del hombre no era de su correspondencia. Para este trabajo se dedicaría Enki, el padre y mesías de la humanidad, quien se dispuso a crear a los hombres que poblarían la tierra.

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Al llegar los tiempos de Babilonia, este relato se habría trastornado y ahora sería el dios Marduk el creador del mundo, quien utilizó el cadáver de Nammu -quien pasó a nombrarse Tíamat- para lograr esto. El enfrentamiento entre estos dos dioses simbolizaría el eterno conflicto entre le bien y el mal, en el que el bien resultó vencedor y pudo crear al mundo. Para este entonces, la diosa madrea Nammu pasó a desvanecerse de la historia.

La cultura judía y sus herederas -cristianismo e islamismo- se adentraron en la negación de Nammu, por lo que ahora no participaría ni siquiera en las leyendas fundacionales. Pese a esto, la Diosa Madre no sería olvidada, ya que, para el siglo XX fue recordada nuevamente gracias a antiguos relatos sumerios.

Lo más cautivador de la historia es la forma en que los antiguos sumerios, y en especial el gremio sacerdotal de la ciudad de Ur, reseñan a la diosa Nammur como una mujer desnuda, con los senos al descubierto y una cabeza de serpiente.

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En una de las pocas representaciones que han perdurado en la historia se observa a la diosa amamantando a un niño con una figura muy distinta a la de un ser humano.

Comparación con Tíamat

El semejante babilónico a la diosa Nammu era la diosa Tíamat, la cual era reconocida primordial mente por su participación en el Enuma Elish, la epopeya babilónica que se dedica a relatar la creación. De igual manera que Nammu, Tíamat fue la madre de la primera genración de los dioses. Sin embargo, al contrario de Nammu, Tíamat entró en enfrentamientos con los dioses que la misma se dedicó a crear.

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Diosa Tíamat de Babilonia

Apsu, quien era pareja de Tíamat fue abatido por los dioses, por lo que la diosa comenzó un conflicto bélico en contra de sus hijos para vengar el asesinato de su consorte. Sin embargo, los dioses resultaron ganadores y el dios Marduk asesinó a la diosa Tíamat; el cadáver de ésta fue utilizado para crear al mundo.

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